NUESTRO CARISMA

Consiste en orar, vivir y trabajar intensamente para que el Hijo de Dios hecho hombre se encarne en nuestra existencia y en la de todos nuestros hermanos. Es decir que vivimos para que Cristo venga a reinar en la humanidad, haciendo que todos vean en nosotros su misma imagen y quieran también serlo con el testimonio veraz de sus vidas.

Recordemos la súplica de Sor Isabel de la Trinidad: “Oh, mi Cristo adorado, crucificado por amor! Quisiera ser una esposa para tu corazón. Quisiera glorificarte y amarte hasta morir de amor. Pero reconozco mi impotencia. Por eso, te pido que me revistas de Ti mismo, que identifiques mi alma con todos los sentimientos de tu alma, que me sumerjas en Ti y que me invadas; que, tu ser sustituya mi ser para que mi vida sea solamente una irradiación de tu propia vida. Ven a mí como Adorador, como Reparador y como Salvador”

Hace parte de nuestro carisma, adorar perpetuamente a Jesús sacramentado. De día y de noche, las hermanas estamos en oración ante el Santísimo Sacramento, por medio de un horario en el que se organiza el tiempo de tal forma que en diferentes horas, cada una pueda tener el espacio de  adoración Eucarística.

La sagrada Familia de Nazareth, es el modelo más perfecto con el que nos identificamos para vivir a plenitud nuestro carisma, ya que en ella, está nuestro fin (Jesús), a quien debemos la amorosa obediencia de su palabra; en ella está María, en quien Él se encarnó y quien nos enseña a vivir siendo fiel discípula suya, (Mt 12, 47) y esta san José, quien nos señala el camino de la fe, de la esperanza y de la caridad que todo cristiano debe vivir para que sea llamado: hombre justo, como lo fue él. (Constituciones, 3)

No se admiten más comentarios