QUIENES SOMOS

hijas-sagrada-familia-adoracionSomos una Comunidad Religiosa de vida contemplativa; hemos nacido en la Iglesia para adorar perpetuamente el Santísimo Sacramento del altar y dedicar nuestra vida a la contemplación del misterio de Jesús encarnado y crucificado por amor a nosotros,  para aprender de él y así corresponderle a su entrega, transformándonos en Él mismo y enseñando a que los demás también se transformen en Él.

Venimos al claustro a morir de amor por quien sabemos nos ama, respondiendo a la elección que ÉL (Jesús) ha hecho para con nosotras. Él nos ha dicho que “hemos escogido la mejor parte y nadie nos la ha de quitar” (Lc 10, 42). La mejor parte es vivir contemplando su vida, sus obras, su amor; es permanecer en el ocultamiento al mundo para ser ofrendas que se inmolan con ÉL, que sufren con ÉL, que mueren con ÉL y que están perpetuamente viviendo en su mismo Corazón; la mejor parte es dejar de ver cuánto nos rodea para fijar nuestra mirada en ÉL, considerando todo lo vanidoso de este mundo como estiércol en comparación con Cristo (Flp 3,8) para así poder abrazar con ardor su cruz y vivir clavadas en ella como ÉL lo está por amor nuestro.

Nuestra vida de clausura es un sublime sacrificio de amor por Dios y por la humanidad, el cual ofrecemos de manera voluntaria, dándole a Él nuestra propia libertad para hacernos a ejemplo suyo esclavas de amor. Vivimos felices de seguir a nuestro esposo, ocultas dentro de sus llagas (Cols 3,3)  para ser hostias vivas, inmoladas por la salvación de las almas.(Rom 12,1)

hijas-sagrada-familia-virgen-mariaComo nuestra Madre Santísima queremos guardar siempre la palabra de Dios en nuestro corazón, ella es la estrella que nos muestra el camino de su Hijo, ella nos enseña a permanecer con Él desde antes de ser encarnado, (San Agustín Serm. 215,4; ML 38, 1047) hasta su sepultura y también desde su resurrección hasta su segunda venida. Porque donde está Jesús, está siempre su Madre.

Las religiosas de clausura, se reconocen de modo especial en María, virgen, esposa y madre, figura de la Iglesia, y, participando de la bienaventuranza de quien cree (cf. Lc 1, 45; 11, 28), perpetúan el « sí » y el amor de adoración a la Palabra de vida, convirtiéndose, junto con Ella, en memoria del corazón esponsal (cf. Lc 2, 19.51) de la Iglesia. (Verbi Sponsa,1)

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