La Solemnidad de la Anunciación

Para nuestra Comunidad Religiosa, celebrar la Solemnidad  de la Anunciación constituye una de nuestras más grandes alegrías que compartimos. En este misterio contemplamos el anonadamiento del amor de Dios por nosotros: hacerse hombre, encarnarse en el seno de la Virgen, abajarse a nuestra condición humana haciéndose semejante en todo menos en el pecado.

la anunciacion de Fray Angelico-hijas-sagrada-familiaAdemás celebramos esta Solemnidad con especialidad ya que “es el principal misterio que nuestra espiritualidad honra, en el cual no se puede ver a Jesucristo sino en María y encarnado en su seno, por eso, dice San Luis María Grignion que “es más a propósito decir la esclavitud de Jesús en María, de Jesús que mora y reina en María, según aquella hermosa plegaria de tan grandes almas: Oh Jesús que vivís en María, venid y vivid en nosotros en vuestro espíritu de santidad” (Tratado de la Verdadera devoción,  246)

El misterio de la Encarnación del Verbo, es el primer misterio de Jesucristo, el más oculto, el más excelso y el menos conocido; que en este misterio es donde Jesús, de acuerdo con María, en el seno de Esta -que por lo mismo ha sido llamado por los santos la sala de los secretos de Dios-, ha escogido a todos los elegidos; que en este misterio es donde El ha obrado todos los misterios que han sucedido a éste en su vida, por la aceptación que de ellos hizo: Jesús al entrar en el mundo, dice: He aquí que vengo, oh Dios, para cumplir tu voluntad (Hebr. 10,5,7); y, por consiguiente, que este misterio es un resumen de todos los misterios, que contiene la voluntad y la gracia de todos; en fin, que este misterio es el trono de la misericordia, de la liberalidad y de la gloria de Dios. El trono de su misericordia para nosotros, porque, como no podemos acercarnos a Jesús si no es por María, no podemos ver ni hablar a Jesús si no es por María. Jesús, que atiende siempre a su querida Madre, concede allí siempre su gracia y su misericordia a los pobres pecadores. Lleguémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia (Hebr. 4,16). Es el trono de la liberalidad para con María, porque mientras este nuevo Adán permanece en este verdadero paraíso terrenal, obra en él ocultamente tantas maravillas, que ni los hombres ni los ángeles alcanzan a comprenderlas; por eso los Santos llaman a María la magnificencia de Dios, como si Dios sólo fuera magnifico en María. Es el trono de la gloria para su Padre, porque en María Jesucristo aplacó perfectamente a su Padre irritado contra los hombres; en Ella reparó perfectamente la gloria que el pecado le había arrebatado, y por el sacrificio que en Ella hizo de su voluntad y de sí mismo, le dio más gloria, que jamás le habían dado todos los sacrificios de la ley antigua, y, finalmente, en ella le dio una gloria infinita, que jamás había recibido del hombre. (Tratado de la Verdadera devoción,  248)

Este modo de hablar muestra más la unión que hay entre Jesús y María, que están tan estrechamente unidos, que el uno está todo en el otro: Jesús está todo en María, y María toda en Jesús, o más bien, María no es, sino que Jesús es sólo y todo en María, y más fácil sería separar la luz del sol que a María de Jesús; de modo que a Nuestro Señor se le puede llamar Jesús de María, y a la Santísima Virgen, María de Jesús. (Tratado de la Verdadera devoción,  247)

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